Pornocultura: Viaje al fondo de la carne
2020 / Claudia Attimonelli – Vincenzo Susca
Un libro que explora los efectos que ha tenido la violenta masificación y normalización de la pornografía en nuestra actual sociedad. No es un estudio sobre la industria del contenido para adultos, es un crudo análisis de la civilización contemporánea y los efectos que la adopción de esta “pornocultura” ha generado.
Los autores primeramente nos llevan por un recorrido histórico por el arte y los medios [de comunicación] para comparar las diferentes motivaciones/premisas de los creadores en cada época y tener una clara visión entre el “antes” y el “ahora”.
Este recorrido histórico va desarrollando los diferentes conceptos que sostienen la tesis central de los autores y que tocaremos en diferentes posts, siendo el primer concepto:
I Del Eros a la Evidencia
En el pasado existía una cultura de la Seducción que se basaba en el misterio y lo “no visible”. Precisamente lo que se dejaba a la imaginación era lo que mantenía el interés, aumentaba el deseo y el valor de lo deseado.
Un ejemplo de esto podemos encontrarlo en el arte clásico con obras como:



Aunque cada una de estas obras es un desnudo, tienen cierto aire de misterio y de “lejanía”
- En ninguna se muestra el sexo de las protagonistas.
- Las obras están cargadas de simbologías que el espectador ha de descubrir e interpretar, lo que implica una actividad cognitiva por parte del observador.
- Cada una de estas obras tardaron años en realizarse
Comparten algunas simbologías: La Venus de Urbina tiene un perro a sus pies (fidelidad). La Venus del espejo está acompañada por cupido (sin arco, ni flechas) y tiene un cordón rojo (vínculo del amor con la belleza) y por último Olympia tiene un gato negro (promiscuidad e independencia).
Cada una tiene el estilo pictórico y simbología propia de su época, pero en cada caso el mensaje es el mismo: admirar y celebrar la belleza de la protagonista, ya sea una jóven recién casada (Venus de Urbina) una diosa (Venus del espejo) ó una cortesana (Olympia).
Actualmente vivimos en una cultura de Evidencia, en donde todo debe estar en primer plano, donde no hay espacio para la imaginación o la metáfora.
Actualmente para “Ser” uno debe “Ser Visto”, quizá el más claro ejemplo de esto es el fenómeno de los Influencers, que necesitan un flujo constante de likes, vistas e interacciones. Sin ellas, dejan de “ser” [influencers] y se convierten en una gota más en un oceano.
Esto se aplica para todo: nuestras interacciones en las redes sociales, la política, el comercio, las relaciones personales, etc..
Esta cultura de Evidencia la podemos ver fácilmente en lasas redes sociales, donde existe infinidad de imágenes de primeros planos de la genitalia de los creadores, con el simple afán de obtener la mayor cantidad de “Interacciones” posible

Conscientemente se elimina toda privacidad, para compartir cualquier actividad por íntima que sea. Nada se deja a la imaginación y absolutamente todo es documentado. No hay “protagonista” es simplemente un cuerpo que se vuelve un mero objeto técnico necesario para crear la imagen.

Los observadores pierden esa cualidad, pues solo hay que consumir el incesante río de imagenes, haciendo un mecánico click si es que dicha imagen nos dice algo en menos de 3 segundos, si no es así simplemente se pasa a la siguiente.
Los observadores se convierten en consumidores.
El eros nos brindaba la capacidad de imaginar, de pensar en las posibilidades y de disfrutar de ese velo de misterio que la hipervisibilidad digital ha desaparecido.

